Google+ Los Colores de la Noche
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miércoles, 24 de mayo de 2017

El preocupante avance de la contaminación lumínica

Los Campos de Hernán-Pelea (o Hernán Perea, según el mapa que se consulte) se encuentran en el municipio de Santiago-Pontones (Jaén) y consisten en un extenso altiplano a más de 1600 metros de altura al que se llega tras un largo recorrido por pistas forestales desde el núcleo más próximo, Don Domingo. Se encuentran en el centro de una extensa zona protegida: el Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas. Por su ubicación uno podría esperar un cielo nocturno muy oscuro, posiblemente de los mejores de España, y esa es la primera impresión cuando cae la noche en este paraje tan especial.


Pero tras unas horas, cuando el ojo se ha adaptado completamente a la oscuridad, es inevitable que no llame nuestra atención cierto resplandor que sube desde el horizonte tanto al Este como al Oeste, sobre todo hacia poniente. Esto se hace especialmente llamativo obteniendo una imagen panorámica de todo el cielo como la que muestro a continuación, que realmente es un mosaico de 17 fotografías realizadas con objetivo de 14 mm.

(Pulsar con el ratón para ampliar)
La imagen corresponde más o menos a las 23:00 horas de la noche del 30 de octubre de 2016, y en ella se puede apreciar con claridad la Vía Láctea, la constelación de Sagitario ya ocultándose, Marte y el trazo de un satélite artificial al oeste (derecha en la fotografía). El triángulo del verano, formado por las estrellas Vega, Deneb y Altair, va perdiendo altura pero aún domina la noche. Cerca del cénit destaca el gran cuadrilátero de Pegaso y por el Este asoman las Pléyades y la constelación del Auriga. La galaxia de Andrómeda resulta perfectamente visible e incluso ampliando la imagen se distingue la del Triángulo (M33). Más difícil de apreciar (dependiendo del monitor en el que se visualice) es la luz zodiacal, una tenue banda azulada que parte del suroeste y describe un arco a lo largo de la eclíptica desde Sagitario hasta Piscis. Este débil resplandor (ocasionado por el polvo interplanetario del Sistema Solar) casi se mezcla en la imagen con el brillo verdoso del airglow, la luminiscencia natural de la atmósfera terrestre. Que aparezca (aunque débilmente) la luz zodiacal y la presencia tan notable del airglow es una señal inequívoca de que estamos ante un cielo nocturno de gran calidad. De hecho las medidas que tomé en el cénit con un sensor SQM dieron valores que superaron las 21.70 magnitudes por segundo de arco al cuadrado.

Lo preocupante de esta imagen es lo que ocurre cerca del horizonte. Prácticamente en todas direcciones se observa la presencia de una fuente de luz artificial, especialmente al E, O, SO y NNO. Con ayuda de un sistema de información geográfica y conociendo las coordenadas del lugar es fácil identificar la dirección de los principales núcleos de población y su distancia en línea recta, que reflejo en la siguiente imagen.

(Pulsar con el ratón para ampliar)
Las principales fuentes de contaminación lumínica se encuentran al oeste: Cazorla-Jaén por un lado y Úbeda-Linares por otro. En estas direcciones una importante porción del cielo se ve afectada por una emisión artificial con una considerable componente blanco-azul en lugar del clásico hongo anaranjado al que estamos acostumbrados. Curiosamente en estas poblaciones se ha producido una sustitución de lámparas antiguas por LEDs de luz fría de modo más o menos generalizado, a lo que hay que sumar el desproporcionado alumbrado ornamental que emite la mayor parte de su luz al cielo. Si consideramos que la sustitución de lámparas ha venido acompañada normalmente de una mejora de las farolas en lo referente a una menor emisión hacia el cielo ¿cómo nos encontramos este grado de afección en lugares relativamente distantes? La explicación está en la mayor dispersión atmosférica de la luz azul, algo que los astrónomos llevan tiempo advirtiendo ante el auge de LEDs de luz fría.

Los otros focos de luz artificial que invaden los primeros grados del cielo nocturno están al E (en dirección a Caravaca de la Cruz, Murcia y el Levante peninsular), al SO (donde se encuentra Granada) y al NNO. En esta última dirección se encuentran diversos pueblos más o menos cercanos como Beas de Segura y Arroyo del Ojanco, pero posiblemente buena parte de esa luz proceda de Madrid, a unos 280 km en línea recta de este lugar.

Del análisis de esta instantánea del cielo se pueden sacar interesantes conclusiones:
  • Incluso a lugares teóricamente muy oscuros de la Península Ibérica llega la contaminación lumínica, y además a un ritmo creciente a pesar de la supuesta mejora del alumbrado público de las ciudades. El problema es que los técnicos que diseñan estas mejoras parece que sólo piensan en términos de eficiencia económica sin considerar que existen alternativas igualmente eficientes al LED de luz fría con un impacto ambiental mucho menor. ¿Es un problema debido a falta de información o a dejarse llevar por los comerciales de las empresas de iluminación?
  • Además son las ciudades y grandes núcleos los que más afectan a las zonas oscuras por lejanas que estén. No hay duda de que es de suma importancia la adopción de medidas por parte de los ayuntamientos de los territorios rurales, pero ese esfuerzo puede resultar infructuoso si no va acompañado de la concienciación y el compromiso de las administraciones locales urbanas. En el ejemplo de Santiago-Pontones la mayor parte de la contaminación lumínica no procede de las lámparas que quedan de vapor de mercurio (que desde luego es necesario cambiar) sino de Cazorla, Úbeda, Jaén, Linares, Murcia, Granada y posiblemente hasta de Madrid.
  • Por este motivo una legislación que se centre sólo y exclusivamente en las zonas catalogadas como protegidas, dejando un gran margen de maniobra a las ciudades para que hagan lo que quieran en lo referente al alumbrado público, puede sencillamente no servir para el objetivo que se propone.


lunes, 20 de febrero de 2017

Los cúmulos globulares

Los cúmulos globulares son agrupaciones muy densas de estrellas que se encuentran generalmente en el halo galáctico a distancias considerables. Este tipo de cúmulo estelar no es exclusivo de la Vía Láctea y también se ha identificado alrededor de otras galaxias cercanas. En nuestro sistema habrá unos 200, por lo que no son muy numerosos en comparación con los cúmulos abiertos de estrellas jóvenes del disco galáctico. Su distancia varía de unos 7.000 años luz (M4, en la constelación de Escorpio) a más de 200.000 años luz (como NGC 2419 en la constelación del Lince). Presentan estrellas muy antiguas, algunas de hasta 12.000 millones de años de edad, por lo que su estudio es muy interesante al ser objetos constituidos en etapas tempranas del Universo. 

De los objetos que catalogó Messier resultaron ser cúmulos globulares 29, todos ellos asequibles por tanto a telescopios de aficionado. Visualmente son muy atractivos, apareciendo en el ocular como una nebulosidad circular (más brillante hacia el centro) de textura granulosa que los diferencia de las nebulosas y galaxias. Por ser objetos relativamente brillantes son también sencillos de fotografiar al no requerir tiempos excesivos de exposición, por lo que son ideales cuando un sensor de autoguiado se avería y hay que confiar en la pericia para conseguir una alineación muy buena de la montura (como me ocurrió en la sesión en que realicé las fotos que muestro a continuación). Así, las tomas que componen las imágenes siguientes no exceden del minuto de exposición a 1600 ISO, y su número varía entre 10 y 15 para cada cúmulo. El procesado es también más sencillo que para el caso de nebulosas; sólo hay que tener especial cuidado con el estirado del histograma (para que no se sature el núcleo del cúmulo) y con no emborronar las estrellas débiles si se aplica alguna reducción de ruido al fondo (que si se realizan y apilan suficientes tomas no es necesaria).

M13, el cúmulo más famoso


M13 es el cúmulo globular más conocido entre los aficionados a la astronomía. En condiciones óptimas de oscuridad es perceptible a simple vista en la constelación de Hércules y su distancia es de 25.100 años luz. Además del cúmulo se pueden apreciar en el campo varias galaxias  débiles: cerca del borde derecho de la imagen está NGC 6207, una espiral a 39 millones de años luz, y más cerca del cúmulo (aunque más débil y difícil de percibir) IC 4617, a 503 millones de años luz.

M22, un cúmulo cercano


M22 se encuentra en la constelación de Sagitario a 10.400 años luz, por lo que es uno de los cúmulos globulares más cercanos al Sol. En 2012 fueron descubiertos dos agujeros negros de masa estelar en su interior, lo que obligó a replantear la hipótesis por la que se pensaba que los agujeros negros de este tipo son expulsados del cúmulo por acción de la fuerza gravitatoria. En un cielo oscuro se puede distinguir a simple vista, y con prismáticos o telescopio es una delicia su observación en el rico campo estelar de Sagitario.

M3, uno de los más densos


M3 es un cúmulo globular situado a 33.900 años luz en la constelación de Canes Venatici (los Perros de Caza), compuesto de unas 500.000 estrellas apretadas en no más de 18 minutos de arco de tamaño aparente. La mitad de su masa se encuentra en una esfera de unos 20 años luz de diámetro, lo que da una idea de la densidad de estrellas en su zona central. Si tenemos en cuenta que en nuestras proximidades, en 12 años luz a la redonda del Sol, hay unas 25 estrellas (y la mayoría enanas rojas) cuesta trabajo imaginar cómo sería el cielo si hubiera en este espacio ¡más de 200.000 estrellas! En M3 hay también una gran cantidad de estrellas variables (más que en otros cúmulos del halo galáctico) así como estrellas azules que se piensa que perdieron sus capas externas al interaccionar con otras estrellas en su paso por las regiones centrales del cúmulo.

M5, uno de los más antiguos


El cúmulo globular M5 se encuentra en la constelación de la Serpiente a 24.500 años luz del Sol, y es posiblemente uno de los cúmulos más antiguos de nuestra galaxia con una edad estimada de 13.000 millones de años. En la parte superior se puede apreciar la estrella doble 5 Ser.

M15, también de los más longevos


El cúmulo globular M15 está situado en la constelación de Pegaso a 33.600 años luz del Sol. Se le estima una edad de 12.000 millones de años, de modo que después de M5 sería uno de los cúmulos más antiguos de nuestra galaxia.

M2, uno de los más compactos


M2 es un bello cúmulo globular situado a 37.500 años luz en la constelación de Acuario. Tiene unas 150.000 estrellas y es de los más compactos.

Todas las imágenes han sido obtenidas con una cámara Nikon D90 acoplada a foco primario a un telescopio refractor apocromático de 127 mm de diámetro y 952 mm de distancia focal.

viernes, 26 de agosto de 2016

Cómo hacer una panorámica nocturna

Panorámica con la Vía Láctea realizada cerca de Don Domingo (Santiago-Pontones, Jaén)

Las imágenes panorámicas permiten conseguir una visión con un campo mayor del que se podría obtener con cualquier gran angular, y además con una resolución elevada que hace posible la realización de ampliaciones e impresiones en papel. Una de las posibilidades que ofrecen es sacar el arco completo de la Vía Láctea entre los meses de mayo y julio, cuando comienza a ganar altura sobre el horizonte. La técnica consiste básicamente en disparar desde un punto varias fotografías con idénticos parámetros variando únicamente el ángulo horizontal (el azimut) y con suficiente superposición entre ellas para que se puedan unir con un software apropiado. Dicho así parece algo sencillo, pero hay que tener una serie de consideraciones en cuenta para que el resultado sea bueno, sobre todo cuando se trata de imágenes nocturnas, pues la misma dificultad inherente a la fotografía nocturna la tendremos con una panorámica en idénticas condiciones. Componer una panorámica nocturna tiene dos fases igual de importantes: el proceso de obtención de las tomas en campo y el procesado. El material necesario es una cámara reflex (que permita un control completamente manual de la toma), un trípode estable dotado de una rótula con nivel de burbuja y un disparador a distancia.

miércoles, 27 de abril de 2016

Tránsito de Mercurio de 2016

Simulación de un tránsito de Mercurio (osae.info)
El próximo 9 de mayo podremos disfrutar de unos de esos fenómenos no muy frecuentes que ocurren cuando uno de los planetas de órbita interior (en este caso Mercurio) se sitúa entre la Tierra y el Sol. Para que tenga lugar un tránsito se han de dar dos circunstancias: que el planeta esté en su conjunción inferior y que al mismo tiempo pase por la eclíptica (que atraviese el plano orbital terrestre). Cada vez que Venus o Mercurio pasa por su conjunción inferior no ocurre un tránsito por el mismo motivo que no hay un eclipse cada vez que la Luna está en fase nueva, pues sus órbitas no se encuentran en el mismo plano que la terrestre. Los tránsitos menos frecuentes son los de Venus, sólo cuatro veces cada 243 años se produce su alineación perfecta con la Tierra y el Sol (el último tránsito de Venus ocurrió en 2012 y no se repetirá hasta el año 2117); sin embargo en el caso de Mercurio se producen con más frecuencia, unas 13 veces cada siglo separados por intervalos de 3, 7, 10 o 13 años. El último tránsito de Mercurio ocurrió el 8 de noviembre de 2006 y -pasado el de este año- no volverá a repetirse hasta el 11 de noviembre de 2019. 

Para observar un tránsito hay que tener en cuenta que tiene lugar delante del disco solar, de modo que no hay que olvidar las precauciones imprescindibles para preservar nuestra vista. Mirar al Sol es algo que jamás se debe hacer a ojo desnudo sin la adecuada protección, y menos a través de un instrumento óptico (necesario en este caso para distinguir el minúsculo disco de Mercurio, de tan sólo 12 segundos de arco). El Sol se puede observar de tres modos seguros: bien a través de un telescopio solar diseñado expresamente para este fin, que además nos permite ver detalles de la cromosfera gracias a que disponen de un filtro especial H-alfa; o dotando a nuestro telescopio de un filtro solar (a partir de una lámina Baader o Mylar) que esté muy bien sujeto a la parte superior del tubo óptico y asegurándonos de su perfecto estado (sin rajas ni defectos por donde pueda pasar directamente la luz); o bien de modo indirecto proyectando su imagen en una pantalla. Y aún con todas las protecciones posibles no conviene estar mucho tiempo seguido mirando al Sol, siendo aconsejable apartar el ojo del ocular con frecuencia y sobre todo ante la más mínima molestia. Lo que en ningún caso se debe hacer es utilizar métodos caseros ni de dudosa calidad, como los filtros para oculares (cuya rotura por sobrecalentamiento es más que probable).

Esquema del tránsito de Mercurio del 9 de mayo de 2016 (fuente: surastronomico.com)
Mercurio tocará el disco solar a las 11:12 T.U. (13:12 hora oficial peninsular), el instante central del tránsito será a las 14:57 T.U. y emergerá con el Sol muy próximo al horizonte a las 18:42 T.U. Desde Europa occidental, la mayor parte de Sudamérica y la costa este de Norteamérica será visible en su totalidad. Únicamente los habitantes de Oceanía no podrán contemplar el tránsito ni siquiera parcialmente. 

El modo más económico de observar el Sol es disponer un filtro tipo Baader en el telescopio (en el objetivo, nunca en el ocular). Estos filtros sólo permiten el paso de un 0.001% de la luz solar y bloquean los rayos ultravioleta. De este modo se pueden ver detalles de la fotosfera como las manchas solares así como el disco de Mercurio o Venus durante un tránsito.
Un telescopio solar es el modo más completo de observar el Sol, pues el sistema de filtros que lleva incorporado permite ver muchos detalles de la cromosfera así como las espectaculares protuberancias. En la imagen un Coronado PST sobre una montura ecuatorial portátil SkyWatcher y trípode fotográfico. Realmente no es necesaria una montura ecuatorial para la observación solar, pero la posibilidad de realizar seguimiento (aunque no sea muy preciso por la dificultad de alinear correctamente la montura) facilita bastante la tarea.

lunes, 4 de abril de 2016

El cielo en abril de 2016

La primavera es la estación más esperada por los observadores de galaxias. La zona del cielo en la que se encuentra el polo galáctico alcanza la mejor posición sobre el horizonte para ser estudiada a una hora razonable, lo que implica que cuando miramos hacia la región que abarcan las constelaciones de la Cabellera de Berenice y Virgo estamos mirando en dirección perpendicular al plano de la Vía Láctea y por tanto hay menos estrellas, polvo y nebulosas que impidan que llegue la luz de otras galaxias. Para su observación necesitamos cielos oscuros, una buena abertura de tubo óptico y tenemos que trabajar con oculares luminosos que proporcionen los mínimos aumentos. Las constelaciones visibles estos meses con un mayor número y diversidad de galaxias son Virgo, la Cabellera de Berenice, Leo, los Perros de Caza, la Osa Mayor y Leo.

Planetas

Venus va desapareciendo entre las luces del amanecer conforme se acerca a su conjunción superior. En la mañana del 6 de abril a las 7:00 T.U. -y por tanto ya con el Sol sobre el horizonte- será ocultado por la Luna, fenómeno que resultará difícil de observar. Por otro lado Júpiter se convierte en el astro más brillante del firmamento nocturno, visible durante toda la noche en la constelación de Leo. Conforme pasen los días Marte (en la constelación de Ofiuco, a unos cinco grados al norte de Antares) incrementará su brillo de modo notable mientras se aproxima a su oposición del 22 de mayo, cuando estará en el mejor momento para su observación a través del telescopio. También en Ofiuco podremos encontrar a Saturno, que irá adelantando su salida mientras avanza el mes. En cuanto a Mercurio lo encontraremos en su mejor posición entre los días 15 y 20 sobre el horizonte oeste-noroeste después de la puesta de sol.

Luna

Más fácil de observar que la ocultación de Venus será el paso de la luna creciente por el rico campo de las Hiades durante el anochecer del 10 de abril. Para ello lo ideal es utilizar unos prismáticos o un telescopio con una distancia focal pequeña.



La luna nueva tendrá lugar el 7 de abril en Piscis, pasará por cuarto creciente el día 14 en Géminis para llegar a fase llena el 22 en Virgo. El 30 de abril estará en cuarto menguante en la constelación de Capricornio.

Lluvias de estrellas

La principal lluvia de meteoros del mes de abril recibe el nombre de Líridas por tener su radiante cerca de la constelación de la Lira. Se pueden observar a partir de la mitad del mes esperándose el máximo de actividad en la madrugada del día 22, de modo que al coincidir con la luna llena será difícil su observación por la elevada iluminación del fondo del cielo.


martes, 15 de marzo de 2016

El Misterio Final

El proyecto musical cósmico que nunca vio la luz


Probar cosas nuevas es uno de los mejores regalos que podemos hacer a nuestras neuronas, ya sean nuevos sabores, sensaciones, las vivencias de un viaje o una música que nunca hemos escuchado antes. Para ello, también con la música, es esencial liberarse de prejuicios y abrir nuestros sentidos de par en par, superando esas barreras culturales o conceptuales a las que estamos tan habituados. Dentro de la música clásica (no me parece desde luego la denominación más acertada) existe una variedad enorme de estilos y un sinfín de compositores que han explorado las más diversas formas creativas, especialmente a partir del siglo XIX. Uno de los descubrimientos que para mí fue más sorprendente fue el de la música de Alexander Scriabin, un compositor ruso poco conocido que vivió entre 1872 y 1915 y que en sus obras tardías exploró sonoridades nuevas, precursoras de estilos aún por llegar con las vanguardias del siglo XX. Sumergirse en su Poema del Éxtasis o en alguna de sus últimas sinfonías supone pasar de momentos que recuerdan al impresionismo francés a otros instantes expresionistas y casi dodecafónicos, lo que requiere desde luego varias audiciones para ir descubriendo todas sus dimensiones.

Scriabin fue un compositor y pianista virtuoso -instrumento al que dedicó buena parte de su obra- que en la última década de su vida se centró en la composición orquestal. Su evolución musical fue paralela al desarrollo de un gran interés por la mística, la teosofía y las obras de Nietzsche, hasta el punto de que se convirtieron en el hilo conductor de sus composiciones, considerando que a través del arte (y de la música por tanto) puede transformarse el Ser Humano. Para entender su obra tampoco podemos pasar por alto otra circunstancia que marcó su vida: poseía habilidad sinestésica, era capaz de percibir colores cuando escuchaba diferentes tonos de sonido, o dicho de otro modo, era capaz de "escuchar colores". Todo esto se combinó con una personalidad un tanto ególatra para terminar otorgándose un papel casi mesiánico, de transformador de la humanidad a través de su arte. Sólo teniendo en cuenta todo esto podemos entender las pretensiones de su última e inconclusa obra: el Misterio Final.

Scriabin proyectó lo que tendría que ser una obra de arte suprema, capaz de integrar la música (interpretada por orquesta, coro, voces solistas, órgano y él mismo al piano) con otras sensaciones a través de la luz, el color, olores, la danza e incluso el tacto entre los asistentes, que no serían meros espectadores sino partícipes en el desarrollo de la monumental obra. El lugar para su ejecución sería un templo construido para tal fin en la India y su duración siete días con sus siete noches. Según nos cuenta Francesc Serracanta en la página "historia de la sinfonía", así describía a un amigo su idea:
"El público no se comportaría como simples espectadores. Todos participarían. La obra requiere un público especial, artistas especiales, y una cultura totalmente nueva. Para su interpretación es necesaria una orquesta, un gran coro mixto, un instrumento para realizar efectos visuales, bailarines, una procesión, incienso, todo articulado con un ritmo textual. La catedral donde se representaría no debería ser de un tipo de piedra simple, sino que su atmósfera debería ir cambiando continuamente siguiendo el desarrollo del Misterio. Esto se lograría mediante nieblas y luces de colores que modificarían los perfiles arquitecturales."
La temática de la obra sería de carácter filosófico, místico o incluso esotérico, muy influenciada por las corrientes orientalistas que estuvieron tan de moda en su época. Cuestiones tan profundas como el origen y destino del Universo, así como el papel y fin de la Humanidad, serían el leitmotiv de tan sublime obra. Cuando Scriabin comenzó a componer su ambicioso proyecto en 1913 habían transcurrido ocho años desde la publicación de la teoría de la relatividad especial de Einstein y faltaban aún dos para que la relatividad general viera definitivamente la luz. Son años en los que se estaba fraguando una de las revoluciones científicas y del pensamiento más importantes de la Historia y que supusieron un cambio en la visión del Universo; sin ir más lejos la relatividad especial tuvo ya su impacto en la filosofía al romper con las ideas tradicionales de espacio y tiempo absolutos e independientes. Scriabin comenzaría el texto de su obra de un modo que, aunque inevitablemente nos recuerde al modelo cosmológico que surgió más tarde con algunas de las soluciones a las ecuaciones de campo de Einstein, seguramente fue inspirado por diversos mitos de la creación.
"Del calor de un momento brota la eternidad
iluminando grandes expansiones de espacio
el infinito late en nuevos mundos
y el sonido abraza al silencio."
Mediante una cruel ironía el destino truncó del modo menos grandilocuente posible la vida de Scriabin cuando apenas llevaba dos años trabajando en el proyecto artístico que debía cambiar al Ser Humano: un grano mal curado bajo el bigote le causó una infección que lo llevó a la tumba en 1915, pues por entonces aún no existían los tratamientos con antibióticos. Del Misterio Final sólo dejó un esbozo fragmentado del acto preliminar, la introducción de más de dos horas que debía situar al público en la complejidad de la obra. Fue años después cuando el compositor Alexander Nemtin (1936-1999), gran admirador de la obra de Scriabin, decidió asumir la difícil tarea de dar forma y reconstruir esta introducción, titulada "Preparación para el Misterio Final", lo que le llevó nada menos que 26 años de su vida. Finalmente se interpretó en 1997 estructurada en tres partes: Universo, Humanidad y Transfiguración.

No es una música fácil de entender, ni mucho menos puede servir de fondo a otra actividad, pues es lo suficiente perturbadora como para reclamar nuestra plena atención. A lo largo de dos horas y cuarenta minutos los momentos de misterio y tensa calma se alternan con explosiones extáticas de una sonoridad y cromatismo apabullantes, que en algunos momentos pueden resultar hasta opresivos. Es de esas obras que cada vez que se escuchan despliegan nuevos matices y suponen un descubrimiento progresivo que no acaba. Es difícil imaginar las sensaciones que transmitiría la obra completa con la puesta en escena que pretendía Scriabin, pero podemos hacernos una ligera idea con el acto preliminar que recompuso Nemtin tras estudiar profundamente la obra de uno de los compositores más innovadores de principios del siglo XX.